Littlewood es una lista de labores saludables y atrayente con una actitud positiva.

Mi esposa los llama «juegos de labores». Las simulaciones de la vida diaria como Stardew Valley, Graveyard Keeper y Animal Crossing: New Horizons festejan la banalidad de la rutina, asignándole listas al día de labores familiares para llenar y recompensándolo por llenarlas con otro día y otra lista de labores. Littlewood es claramente otro de esos juegos de labores. En vez de agobiarlo, la vida rutinaria de Littlewood se eleva con un enfoque esbelto y concentrado de sus diferentes obras, el veloz movimiento de su ciclo día-noche y un toque de misterio que eleva su cautivador ambiente.

La paz se extendió por la tierra de Solemn tras la derrota de un mago obscuro. A la cabeza del victorioso conjunto de aventureros se hallaba un enorme héroe que, en la tradición de los protagonistas de los juegos para videoconsolas tradicionales, ahora padece de amnesia. Ahí o bien no puede rememorar nada de la batalla, el triunfo o bien la vida precedente. Sin embargo, a instancias de los amigos con los que supuestamente luchaste, se te entrega la pequeña aldea de Littlewood y se te asigna la labor de administrar su restauración en un planeta de posguerra.

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Si eso hace que Littlewood se vea un tanto sombrío, una suerte de intento agotador de subsistir en la mitad de las ruinas de la civilización, no se preocupe, no es de este modo. El tono es prácticamente inexorablemente feliz. Tus compañeros se apuran a felicitarte por todo cuanto haces. Constrúyeles una casa y te lo agradecerán. Mejore sus habilidades de pesca con ciertos viajes al lago próximo y lo felicitarán calorosamente. Vuelve de las minas con piedra y te saludarán con el pulgar cara arriba; transforma dicha piedra en ladrillos en el horno (que no podrían estar más agradecidos de que hayas construido para la aldea) y se sorprenderán de tu habilidad en la albañilería.

En instantes como estos, semejantes demostraciones entusiastas de positividad son bienvenidas. Francamente, se siente bien hacer algo bien: contribuir a una comunidad de una forma que se sienta útil y meridianamente apreciada. No obstante, habituarse a la incesante lluvia de encomios llevó un tanto de tiempo. Acepto que lo hallé confuso al comienzo, quizás aun un tanto extraño. La gente no acostumbra a ser de este modo, no sé, «en la cima» todo el tiempo. Mas conforme Willow, Dalton, Lilith y el resto de Littlewood prosiguieron encomiando mis logros (Laura estaba en especial alegre cuando alcancé el nivel treinta en Bug Catching), mi cinismo se desvaneció ante su aluvión de sinceridad efusiva.

Por supuesto, no creo que sea insolente sugerir que la aclamación estaba totalmente justificada. Como líder de Littlewood, esencialmente debes hacer lo que sea preciso para sostener el sitio en funcionamiento. De manera rápida, entenderá por qué razón todo el planeta está tan presto a reconocer su habilidad. Littlewood tiene una tasca, por servirnos de un ejemplo, por lo menos ese es el caso en el momento en que ha reunido los materiales precisos para edificarla y después ha designado el sitio preciso donde se edificará. La tasca vende comida a los campesinos, mas eres responsable de preparar todas y cada una de las comidas. Puede pasar día tras día preparando comida (suponiendo que haya reunido los ingredientes precisos) y guardándose las gotas de rocío que ganó vendiendo los platos de el día de ayer. No obstante, servir como jefe de aldea está sorprendentemente libre de presiones. Puede decidir no preparar ningún comestible nuevo a lo largo de unos días y a absolutamente nadie semeja importarle. En verdad, van a dejar peticiones educadas en el tablón de anuncios de la urbe para un plato particularmente y lo retribuirán espléndidamente toda vez que se digne hacerlo por ellos. En lo que puede asombrar a cualquiera que haya trabajado en la industria hotelera, sus clientes del servicio acá tienen una paciencia infinita y una gratitud eterna. En ese sentido, Littlewood ofrece una visión alentadora de un planeta mejor que tal vez no merezcamos.

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Una pluralidad de otras estructuras: mercado, museo, tienda general, etc. – operan de forma muy afín a la Tasca, y sus transacciones en todos y cada una sostienen la economía centralizada de Littlewood. Tus proezas en el bosque y la cantera próximos producen la materia prima precisa para progresar cada edificio a fin de que, por su parte, puedan brindarte un servicio más eficaz. Por consiguiente, sus días están repletos de resoluciones sobre si gastar su límite de energía diario para llegar a la gruta generada de forma aleatoria para pegar rocas, ir al bosque generado de forma aleatoria para talar árboles o bien quedarse en casa. Y divertirse atrapando insectos, recogiendo malezas o bien pescando. De nuevo, no hay prisa, de veras. El tiempo es energía, y la energía solo se consume cuando efectúas ciertas acciones de extracción o bien creación de recursos. Puede pasear por el pueblo y dialogar con todos, aun edificar ciertos muebles que puedan querer para su casa, y siempre y en toda circunstancia va a ser una mañana refulgente. El ritmo pausado y sin prisas suprime el agobio de no tener jamás suficientes horas en el día para hacer todo cuanto los juegos de labores familiares acarrean tan de forma frecuente. ¿No conseguiste todas y cada una esas tablas de madera que precisabas para actualizar el café el día de hoy? Despreocúpate, los noquearás mañana.

No fue solo el frío y las vibraciones positivas lo que me hizo pasar tanto tiempo en Littlewood, si bien efectivamente me han ayudado. Lo que basó mi amor por el sitio fue su corazón. Conforme el pueblo prospera, cada vez más personas vienen en pos de un nuevo hogar y, por diferentes razones, un nuevo inicio. Ciertos llegan intrigados por las historias de la bravura del «gran héroe», al paso que otros indudablemente se sienten atraídos por las historias (efectivamente no exageradas) de este legendario urbanista y as de la cocina. De todos modos, vino gente y, por una vez, estaba agradecido.

El aprecio por mis compañeros de Littlewood medró conforme les charlaba todos y cada uno de los días. Hágalo y hallará que cada uno de ellos de ellos está escrito con una personalidad diferente, y las pocas líneas de diálogo que recibe día tras día revelan gradualmente sus historias individuales. Lógicamente, hay reiteración, mas de exactamente la misma manera que le sonríes a un campesino en Animal Crossing repitiendo una línea una y otra vez, la recitación sirve para fortalecer su personalidad.

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Las conversaciones asimismo te dejan felicitar a un campesino, si bien estás menos encantado con tus encomios que y solo puedes hacerlo una vez al día. Puedes flirtear con los campesinos e inclusive salir con ellos en el momento en que tu relación haya florecido lo bastante. Aun a aquellos a los que no les inclinas por las relaciones románticas se les puede solicitar que sencillamente pasen el rato, lo que quiere decir que van a ir contigo adondequiera que vayas y van a ser una fuente de bonificación para cualquier labor que efectúes. No aguardaba tener mucho apego a estos personajes. Tras todo, son solo pequeñas compilaciones de pixeles suecos. Mas me he apegado. Me emocioné con el estatus de forastera de Lilith y las luchas en las que encaja. Me encantaba la pomposa excentricidad del pájaro Bubsy y Terric los ademanes quiméricos del caballero. Y no pude eludir sentir una punzada en el corazón de Willow y el hecho de que y éramos meridianamente una cosa ya antes de la enorme batalla y ahora lo recuerda, mas ya no lo hago. Como toda buena escritura de juegos para videoconsolas, Littlewood extrae mucho de poquísimo y te da mucho espacio para atestar los espacios en blanco.

Si bien mis proezas heroicas dieron ejemplo a la gente de Littlewood, me devolvieron el favor animándome a estar orgulloso de la urbe. Cuando alguien se mude, puede comprobar el escritorio (que, no hace falta decirlo, mismo edificó) en su residencia de una habitación para descubrir sus preferencias de diseño. Muchos de ellos son bien simples peticiones de determinados muebles, cuya realización implica conseguir la receta y los materiales de preparación adecuados y después edificarlos para ellos. Posiblemente deba aguardar a que la receta aparezca en la tienda o bien que la subasten en un viaje de un día a la enorme urbe, y puede ser bastante difícil rastrear ciertos ingredientes menos comunes, mas la labor en sí es bastante simple. Puede aplicar un toque de delicadez al final tratándose de poner los muebles en la casa, mas eso no es precisamente un ejercicio de diseño de interiores en profundidad.

Las solicitudes más interesantes se refieren a la localización en la urbe donde idealmente les agradaría vivir. Todos desean estar cerca de algo que les agrada o bien lejos de algo que no les agrada, y depende de cerciorarse de que todos estén felices. Dudley desea estar cerca del café mas lejos de la cantera. Maximilian ha de estar cerca de la plataforma del globo aerostático y a la mayor altitud posible del terreno. Verdaderamente debes jugar al urbanista, y todo, desde casas y tiendas hasta árboles, flores y rocas, se puede recoger y desplazar a donde desees. Siempre y cuando tenga las materias primas, aun el terreno en sí puede manipularse, amontonando tierra para levantar colinas, allanar llanuras y encauzar nuevos cursos de agua.

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Me encantaba hacer estas labores. En 3 ocasiones, conforme se amontonaban las peticiones en competencia, me percaté de que ya no podía contestar a cada una de ellas; mis sacrificios improvisados ​​para improvisar soluciones paliativas ya no eran suficientes. Debí adecentar la pizarra y iniciar de cero. No demolí precisamente el pueblo, mas como trabajando en un rompecabezas, moví todo a los lados y rediseñé el diseño. Las preferencias en competencia de los campesinos no solo propusieron una serie de inconvenientes que resultaron ser verdaderamente satisfactorios de solucionar en todos y cada ocasión, sino lo que verdaderamente me abrió los ojos fue de qué forma me hallé deseando seguir con el trabajo de jardinería: plantar flores. acá, tallando las colinas y los vales allá, mapeando los caminos y el riachuelo solo para cerciorarse de que Littlewood se vea verdaderamente bien.

No debes hacer nada de eso. Puedes ignorar las peticiones de los campesinos si quieres; no charlarán de ello ni te van a mirar con amargura mientras que los eludes con timidez en la calle …

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