La ITE (Inspección Técnica de Edificios) es un informe que se levanta luego de culminar la revisión del inmueble, en aspectos de infraestructura. De esta manera, se certifica que en este lugar no existe ningún riesgo para las personas que convivan en él. El principal objetivo es orientar a propietarios y habitantes sobre cómo cumplir con su conservación y mantenimiento.

La regulación de las ITE e establece en el Real Decreto – ley 8/2011 acompañada por las diferentes Ordenanzas Municipales. Las fiscalizaciones son obligatorias en aquellas edificaciones que tengan una antigüedad de más de 50 años, a menos que por medio de las Comunidades Autónomas se fije una distinta.

Para conocer el tiempo de vida del inmueble, se verifica el año de la construcción con Catastro. Si de casualidad este registro no existe, se puede promediar utilizando el certificado de culminación de la obra o con la primera ocupación de la misma.

Qué características se evalúan en la Inspección Técnica de Edificios

Para obtener un dictamen favorable de la ITE, en aspectos como estructura, cimentación, fachadas cubiertas e instalaciones; el edifico debe cumplir con las siguientes condiciones:

  • En el ámbito de seguridad, no deben existir riesgos para los habitantes y sus bienes. Si es necesario, se deben rehabilitar las fachadas, chimeneas, techos falsos, cornisas, entre otros.
  • Para un correcto estado de salubridad en la infraestructura, habrá que erradicar las circunstancias que atenten contra la salud pública y la higiene. Por eso se tendrán que eliminar filtraciones, y prever el buen funcionamiento de las redes de fontanería y saneamiento.
  • En cuanto al ornato público, se procura que no dañe la imagen urbana, ni la fachada del edificio.
    No obstante, todas las evaluaciones dependen de las normativas locales, ya que son más específicas al tratar tópicos como la accesibilidad y el comportamiento térmico. Sin embargo, esto no influye en el resultado de la ITE, como es el caso de Madrid.

Tipos de deficiencias que resultan de la ITE

Las deficiencias se clasifican de la siguiente manera, según su gravedad:

  • Muy graves: Cuando en la revisión se encuentran fallas que signifiquen riesgo inminente y generalizado. Lo ideal es que se corrijan de manera inmediata, incluso se sugiere el desalojo o medidas cautelares de emergencia. Luego de ello, se debe proceder con la declaración de ruina y la reparación de las deficiencias.
  • Graves: Suponen peligro en determinadas áreas del edificio, incluyendo la salubridad. En este caso, pudieran recibir un certificado de aptitud válido por tres años, siempre que se existe un monitoreo cada dos años de la resolución de lo detectado.
  • Importantes: Afectan en menor grado que las anteriores, aunque igual se deben corregir de forma inmediata. No necesariamente corresponde a situaciones de alarma, por lo tanto, su permisología es por seis años aproximadamente. Con la salvedad de que si estas empeoran, y pasan a ser graves o muy graves será suspendido.
  • Leves: En esta categoría se agrupan las deficiencias que solo ameritan trabajos de mantenimiento correctivo o preventivo. El certificado de aptitud se expide por 10 años.

 

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